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El libro que sueña

27 febrero 2017

«El pueblo durmiente» es el último trabajo de Rébecca Dautremer. Un conjuro, un pueblo dormido y un guiño a un cuento tradicional, nos introducen en un mundo tan delicado como maravilloso.

Érase una vez una princesa, un hada enfadada, un conjuro y un pueblo condenado a dormir cien años. El cuento de la Bella Durmiente ha sido el argumento, también, de cientos de libros, películas y novelas. Sin embargo, en El pueblo durmiente, Rébecca Dautremer hace un guiño a esta historia tradicional para producir un efecto diferente y atractivo: despertar al lector. 

Cuando de literatura se trata, entre la fantasía y la realidad hay una frontera difusa y ambigua. En esta obra sucede todo lo contrario: es el propio libro el que ayuda al lector a establecer un límite claro y conciso. En una de sus páginas, sitúa a dos personajes apenas delineados a lápiz sobre un inmenso fondo blanco. Un simpático anciano es el encargado de enseñarle a un apuesto joven el extraño suceso que ocurre en la página contigua. Se cuestionan sobre la veracidad de lo que observan: un pueblo en el que todos duermen. ¿Es acaso posible? ¿Puede ser verdad? se preguntan y, al hacerlo, ponen en duda el universo de ficción. 

A diferencia de los personajes, las ilustraciones del pueblo cuentan con todo el peso del realismo. Están a color y muestran todo tipo de detalles, con cuidadosos encuadres y elaboradas escenografías. Tienen un aire vintage y están dentro de un marco fotográfico, propio de las cámaras polaroid. Un recurso divertido de la autora para conferir verosimilitud a un pueblo gobernado por la magia.

Es entonces cuando el joven recuerda el cuento y traspasa la página, no sin antes dirigirse con paso firme hacia el lector. Al estar en el pueblo abandona su apariencia de boceto y se transforma en el bello príncipe capaz de acabar con el encantamiento. ¿Lo logrará? Para eso hay que leer todo el libro que, aseguramos, se puede disfrutar durante cien años. 

El pueblo durmiente es una obra exquisita. Elegante, sutil y de gran belleza, las ilustraciones nos introducen en un ambiente de ensoñación donde un boceto cuestiona la propia literatura y el mundo mágico tiene todo el peso de lo real. En esta frontera rebelde, Rébecca Dautremer juega con nuestra convicción sobre la realidad y la ficción, mientras nos ofrece una historia que nos anima a preguntarnos sobre la certeza de los sueños, la verdad de lo que imaginamos y  nuestro, nunca mejor dicho, papel en el mundo.